Al amanecer

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Hoy me senté a esperar el alba del amanecer, el viento húmedo se deslizaba sobre mis ojeras, aún las estrellas no terminaban de decir adiós al negro cielo.
Me senté donde pudiera observar a los pájaros más débiles, logre ver algunos que querían sacar su canto desde su pequeña garganta pero solo lograban entonar alguna pequeña nota en forma de pitido.
Había otros que se habían cansado de cantar al alba, se habían quedado mudos por su decepción al ver el mismo sol al amanecer.
Mientras esperaba, cinco pequeñas hormigas lograron herirme con sus tenazas filosas y punzantes. Me imagine que una o dos podían morderme, pero, ¿cinco?
Las sacudí de mis brazos, pero ya era tarde, ¡esas pequeñas salvajes me habían dejado seca!
Su veneno me dejo un poco aletargada, sí, más que de costumbre.
Espere algunos minutos a que el mundo dejará de girar tan velozmente.
Cuando, decidí dejar de esperar el alba por el dolor, el universo me grito: ¡Espera un poco más, ya viene la mejor parte de tu día!
Y como el mejor acto del mundo, apareció poco a poco el sol regalandome el espectáculo más hermoso y sublime que podía tener, las nubes le intentaban cobijar pero él, tan testarudo se las quitaba, logrando derramar toda la gama de colores sobre el cielo.
!Que afortunada fui!
Y pensar que por poco perdía la oportunidad de ver el amanecer un día más.
El dolor que las hormigas me provocaron sólo hizo que pudiera maravillarme más de lo afortunada que soy al poder sentir y percibir la belleza de un amanecer.

Gisselle Hinojosa

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