El peor día.

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Voy a empezar por el final, nosotros nos acostumbramos a lo ordinario, a aquello que inicia donde supuestamente debe iniciar.

Y hubo un silencio pausado entre ellos dos, tan largo que el viento quería gritar de tanto esperar una palabra.
Ella caminó 10 pasos sin mirar atrás.

El extendió su brazo para intentar alcanzarla, pero sus pies seguían pegados al asfalto, y solo le dijo un adiós disfrazado cuando quería decir ¡No te vayas!

Yo los miraba como quien a media tarde de un domingo va y se sienta a una butaca de un cine desolado, con el puño lleno de rosetas, esperando que algunos de los actores diga alguna palabra que me llene el rostro de esperanza, o al menos con una sonrisa de esas que llegan sin esperar. Pero era una película de Chaplin, muda de sonidos así como la historia de esos dos perdidos enamorados y mudos de sentimientos.

Vi como ella antes de tomar la muy terrible “decisión” de seguir su vida sin él, platicaba con su sombra a todas horas, al tomar el primer sorbo de café por las mañanas, con las ojeras anunciando que seguirán ahí por otras muchas noches sin pedir siquiera su autorización.
Le preguntaba a su sombra que sería de los días sin él, sin escucharle hablar de cómo quería cambiar el mundo con su profesión, de esa forma de leerlo a todas horas sin que él dijese alguna palabra, que sería de su vida sin esas cejas tan perfectas en su rostro que le hacían tener la mirada mas tierna que hubiera conocido en el mundo.

Su sombra, solo se limitaba acompañarla sin decir una sola palabra. Y yo le decía: estarás bien, pero ella no podía verme.

Ella se enamoró de un jarrón con rosas frescas, sí, seguramente ya están entendiendo la situación. Yo le dije que se detuviera, pero el amor es tan testarudo que se queda en corazones ocupados. Y él tenía tan ocupado todo que no se daba tiempo para respirar un poco. Tenía ocupada la mente, la vida, el corazón y la fe la guardaba en un cajón de su habitación a la cual solo llegaba para dormir.

En cambio ella, tenía vacío hasta los bolsillos, pero eso si, llena de esas cosas ridículas que la gente suele llamarle fe, esperanza y peor aún, creía en milagros.
Le faltaba todo, y en medio de su vacío colosal, lo encontró a él.

Así fue,  en un día de lluvia, donde se veían los relámpagos jugando a tomar fotografías a todos los despistados saliendo de su trabajo sin un paraguas, corriendo por no llegar a casa empapados y llenos de lodo de sus zapatos recién lustrados.
En medio de la lluvia estaba ella, caminando, como siempre perdida en el cielo, mirando las gotas caer e intentando atrapar alguna con sus manos arrugadas por estar bajo la lluvia. Y ahí estaba él, con las lágrimas confundiéndose con la lluvia sobre su rostro.
Ella se detuvo, no lo conocía pero le secó cada una de las lágrimas.
El permitió que ella le secara las lágrimas de su rostro y de su alma.

Y ahí estaba yo, agitando mis manos para decirles que corrieran en direcciones contrarias, pero ya saben, ninguno podía verme.

Ellos continuaron con su vínculo tan perfectamente desastroso, con sus platicas eternas, con los arcoiris, lunas y estrellas de escenarios.
El no sabia la razón pero le gustaba estar cerca de ella, le gustaba la armonía entre los dos. Había algo de ella que no permitía soltarle. Pero sabía que su corazón estaba ocupado, tenía un espacio con cemento dentro de si mismo que ocupaba gran parte, aunque a veces parecía estar hueco, otras veces parecía ser todo lo que necesitaba.
Y ahí en el pedazo que estaba un poco hueco, se metió ella, esa extraña desconocida que le secó repentinamente las lágrimas sin conocerle. Muchas veces pensó que podría tratarse de una loca asesina que lo estaba siguiendo, pero poco a poco se dió cuenta que no era más que un alma completamente solitaria y triste.
Se llenó de compasión por ella, la veía a veces tan frágil, tan perdida, que se quedó después que la lluvia cesó.

Con el tiempo, notó que ella estaba completamente enamorada de él, y le dejó muy en claro que no podía corresponderle. Ella sin embargo insistió en quedarse a su lado, no podía dejarlo ir, tenía esos ridículos pensamientos que la hacían sentir que un día él se enamoraría igual.

Y yo, le grite: ¡Corre!, ustedes ya sabrán por qué no me escuchó.

Así pasaron los meses, él con sentimientos que ni siquiera podía pronunciar y ella con sentimientos que estaba cansada de expresar sin ser tomados en cuenta.

Un día cuando el sol bostezó en el horizonte, ella se sentó al filo de una montaña sabía que cada alba él se encontraba más y más ausente del alma, más no de palabras. Esas nunca faltaban. Se quedó toda la noche admirando el firmamento, y cada que veía titilar alguna estrella, sentía caer una lágrima, y pedía un deseo al secarla y recordarlo.
Fue una estrella quien le habló y le dijo que era hora de seguir su camino sin él, que así como podia verla en la noche, así podría verlo a él en su mente, recordar los momentos que vivieron y dejar que él siguiera por el camino que deseaba estar. La muy terrible “decisión” acababa de aparecer en su mente.

Sin embargo cada que pensaba en eso, el corazón se le marchitaba como rosa en invierno, pero reconocía que el invierno acabaría en algún momento y todo el hielo se derretiría con la primavera, y nuevos brotes renacerían y llenarían su alma.
¿Qué será de él? — pensó ella — ¿Quién secará sus lágrimas y abrazará su corazón cuando tenga frío?

Y yo la miré y sentí pena por ella. Sabía lo que sufriría pero ella no quiso escucharme. Solo podía estar ahí, como una presencia fantasmal a su lado.

El, seguía con su vida complicada, pensaba que todo estaría bien en algún momento, la tenía ella, su amiga, su compañía, su sonido armónico que le inspiraba sentimientos lindos, y por el otro lado tenía a su amor, la que formaba realidades a su lado. Era un camino que ya estaba marcado para él, y era fácil de caminar, no había piedras con las cuales tropezar, todo parecía que estaría bien en algún momento.
No dio señales, las que ella esperaba, jamás llegaron.

Ella se miró los pies, estaba cansada de caminar, se quitó los zapatos y las suelas ya estaban desgastadas. Así con esa metáfora decidió que a la mañana siguiente sería EL DIA PEOR.

El día peor no traía nada, más que silencios palpitantes, voces ahogadas, ojos cristalinos y vidas casi desahuciadas. ¡Ah! y casi lo olvidaba, la muy terrible “decisión” mezclada en todos los sentimientos.

Y así es como el final se quedó en el inicio, ella se fue y él se quedó sin decir nada más que un adiós.
Yo les dije que corrieran pero siempre hay algo en el destino por lo cual las cosas no suceden. El amor es imparable y sorpresivo, llega a donde no debe, y se queda donde no es bien recibido. El amor es testarudo, pero siempre trae consigo una cicatriz que te hace recordar eternamente. Yo soy ella, y aun lo espero. Porque jamás dejé de creer en las cosas ridículas, en milagros. Y él fue un milagro para mi, el mas bello sentimiento y la herida mas profunda. Porque él no me hirió, me herí yo que no supe seguir mi camino sin secar llantos ajenos.

Gisselle Hinojosa

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10 thoughts on “El peor día.

  1. Me desencantó. O sea que, muy bueno. Con el tiempo, las lágrimas se secan solas. Los párvulos crecen. Las tardes se van sin prisas. Los horizontes se reinventan. ¿Dónde está mi corazón?

    =)

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