2020

El año más difícil para todos, el año más lleno de tristeza, en cada país hay un silencio sepulcral, un luto que se lleva en el corazón. Quién iba a pensar que llegaría a nuestro mundo una pandemia que sacudiría cada vida tocada, cada familia.

Éste año no fue llovizna, es tormenta, queremos regresar el tiempo, aprovechar los momentos con nuestra familia. Volver a abrazarnos, salir a un café sin temor a enfermar. Queremos vernos las sonrisas, queremos saludar al vecino de mano.

Para mí no fue la excepción, este año me ha retado enormemente, mi salud se vino abajo al iniciar la pandemia de una forma terrible. Eran los últimos días de marzo y primeros de abril cuando comencé con faltas de aire. El tener asma me hizo pensar que era una crisis más. Pero las faltas de aire se hicieron más y más. Después, dolor en el pecho, en la espalda.

No podía ser, pensé. Fui con cuatro neumólogos los cuales me dijeron tenía COVID. Pero en mi ciudad había pocos casos, no podía ser yo uno de esos primeros pocos casos. La prueba PCR salí negativa pero seguían diciéndome que tenía COVID. Pasó un mes, dos, tres, seguían las faltas de aire, algunas veces pocas, las crisis, el llanto por no poder respirar y saber tan poco del nuevo virus. No quería internarme porque sabía que me intubarian y no saldría viva. Tenía el sistema inmune suprimido por mis otras patologías.

Poco a poco fui mejorando, el medicamento, las oraciones de mi madre, de mis amigos, el apoyo de mi familia, la misericordia de Dios. Todo fue un gran soporte. Tuve unas ganas inmensas de seguir viviendo. No sé con certeza si fue o no fue COVID, pero sé que estoy de pie, aún sin recuperarme en totalidad pues tengo dificultad en los pulmones y tos, a los casi 7 meses continúo con leves problemas respiratorios y tratamiento.

Deseo que pronto termine este infierno para todos. Que en el camino no perdamos más gente.

El año de aprendizaje más duro, el año que nos hemos tatuado la palabra resiliencia en el corazón.

No digas que no podrás, si he visto flores romper el pavimento.

Anónimo.

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Un día común.

Todos tenemos días así, que la vida se vuelve gris en un segundo y el cansancio se aferra a nuestra espalda, y no encontramos la sonrisa que habíamos reservado para éstos días.

A veces se vuelve y se aleja. Otras tantas se queda a llover un poco más

Días así, comunes.

Gisselle Hinojosa

Bajo el gran Sequoia

La sombra de gran Sequoia me abrigaba, era un sábado por la tarde, y el sol ardía en mi piel. El tronco me prestaba sus faldas para descansar, la vida me había dejado sin fuerza y no encontré mejor lugar para olvidar un poco y dejarme llevar por el aroma a naturaleza viva.dsc_0509

Sentí cada vibración de la tierra sobre las plantas de mis pies, los dejé al descubierto para sentir como las piedras pequeñitas se incrustaban entre mis dedos. Respiré profundo hasta ver como se hinchaba mi pecho al aspirar, y al exhalar sentí que todo lo demás se desvanecía, todo el pasado, todo el dolor y las lágrimas que rodaron antes por mis mejillas, todo parecía nada ante la majestuosidad del Sequoia.

Pensé en quedarme ahí, tal vez las hadas de la noche me fundirían junto al árbol y viviría una eternidad rodeada de paz, vería como se va el día y la noche entre trinos de pájaros y animales nocturnos.

Y tal vez un día llegaría un alma cansada a sentarse en mis faldas, le prestaría mi tronco para descansar y olvidaría un poco el dolor de vivir, le regalaría mi sombra, mi paz y desearía quedarse conmigo, y fundirse en la magia de la noche. En ese momento sabría que ella está sanando.

Gisselle Hinojosa.

 

Siempre lluvias.

Me gusta la lluvia, sentir caer las gotas frías sobre mi rostro, mientras observo a la gente corriendo para no mojarse.

Cuando llueve escribo, el sonido me invita a crear y gritar en tinta lo que emudecí tantos meses. Escribo y recuerdo que hay tormentas y es entonces cuando llueve dentro, y mis palabras se borran entre las gotas.

Gisselle Hinojosa

Después del abismo

tumblr_nwbqmdWLIV1qitqw9o1_500No sé si he dormido o he estado soñando despierta, he caído tantas veces que no sé exactamente dónde estoy.  

La  última vez estaba con el cuerpo a punto de descomposición, la vida había girado tan rápido que  en una de sus vueltas caí en un lugar que parecía sepulcral. 

No me gustó, era tan oscuro que simplemente decidí prender el ultimo fósforo que tenía en el bolsillo de mi jeans preferido. En medio de la podredumbre, el dolor, las lagrimas, y la oscuridad que rodeaba mi cuerpo casi inerte, pude ver que había algo que se veía con la tenue luz que creó el fósforo, es ahí donde inicia mi historia actual.

Llevo algunos años con la vida en un hilo, mi pasado se había derrumbado al momento que volví a enfermar. No tenía idea de que sucedería en mi futuro, pero algo que estaba casi segura era que no viviría ni tres años más. Para sorpresa mía, voy a llegar a mi cuarto año en estas condiciones, me autodenomino como un zombie, porque algunas veces no sé si estoy viva o media muerta pero indudablemente me encuentro caminando entre el mundo de los vivos.

Después de estar un tiempo lamiéndome las heridas, enojada por lo que me pasaba en mi papel de víctima, me aburrí de odiar al mundo. Cómo me diría una amiga del pasado: “pasaste tus etapas de duelo hasta llegar a la aceptación”. Y como vivía dentro de los hospitales, decidí formar parte de ellos, no como un adorno, no como un paciente más, sino como parte de la gente que dedica sus días a intentar sanar a los enfermos.

– ¿Estas loca?, me decían mis amigos y algunos de mi familia, – tu no puedes estar estudiando una carrera en el área de salud, ¡estás enferma!

Uff, los primeros meses fue una lucha constante contra quienes no podían concebir que yo estuviera en estas condiciones intentando rehacer mi vida, y por otro lado la lucha interna de mi salud como una montaña rusa, dónde oscilaba entre días medios buenos, y días en los que no me podía levantar de la cama. Afortunadamente los directivos, maestros y doctores accedieron a darme una facilidad para que yo pudiera ausentarme las veces que mi estado de salud lo requiriera, y reponer cuando estuviera mejor de salud.

Solo dos años más y algunas especializaciones si mi salud lo permite y tan tan. Nunca pensé que el destino tenía preparado ésto para mi en medio de mi enfermedad, me bastaron las horas internada y ver a las personas que en mi paso por el hospital veía a punto de partir de este mundo para decidirme a hacer algo por ellas, y también por mi.

Ahora entiendo aquella frase que muchos meses resonó en mi mente: Un día a la vez.

Agradezco la oportunidad a la vida, a Dios, a la gente que ha creído en mi, a la gente que pasó por mi vida para dejarme una enseñanza y abrazarles a la distancia aunque sea en el recuerdo. Hoy pienso sin temor a equivocarme que, las enfermedades son la cirugía estética del alma, y es valido llorar cuando tienes que llorar, sufrir, enojarte, caer y lamentarlo, es esencial levantar la mirada y ver que más allá de ti, aun existe un mundo que espera que des lo que nadie más tiene excepto TÚ.

No sé mañana, pero hoy estoy viva, y mientras pueda lucharé por vivir, por maravillarme al ver amaneceres y ocasos, creer en los milagros, en las personas, en las segundas oportunidades, en el amor, en el destino y en el propósito en este mundo.

Buscaba un milagro y entendí que yo soy un milagro.

Esto lo quiero dejar plasmado aquí porque el mañana no existe aún, y no tengo idea que sucederá, tal vez mañana vuelva a estar gris y necesite leer mis palabras para  volver a sonreír, tal vez mañana Gisselle se vuelva polvo de estrellas y sea mi familia quien encuentre mis escritos y sonría al ver como amé la vida, como creí en los milagros.

Tal vez hoy sea mañana.

Poësis Fb

Gisselle Hinojosa

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